domingo, 16 de febrero de 2014

a veces nos dejamos inspirar de forma absurda

Al parecer, en Nueva York está haciendo mucho frío. Ha salido en las noticias, como siempre. Porque Nueva York no es Kentucky ni Bosnia. Es Nueva York  y ocurren cosas. Ya me viene bien, para tener un mínimo tema de conversación. Además, que alguna ventaja debe de tener ser una superpotencia, supongo.

Resulta que en Nueva York se acaba de celebrar la enésima Semana de la Moda de la temporada. Pero un respeto, porque la pasarela neoyorkina es de las importantes, uno de los eventos del año. Yo no soy de seguir los desfiles, ni mucho menos, porque personalmente prefiero otro tipo de estímulos, pero sí que me gusta mucho el Street style. Me llama la atención lo que lleva la gente por la calle, lo que se ponen a diario para ir a trabajar, a tomarse una copa, a recoger a los niños al colegio o a comprar el pan. Esa es la moda que define una cultura, una sociedad, la que a mí me interesa, el prêt-à-porter más personal. Y al fin y al cabo, lo que verdaderamente acaba marcando tendencias en la mayoría de los casos. ¿O el chándal empezó en las pasarelas?

Por supuesto, a raíz de la semana de la moda de Nueva York, han proliferado miles de fotos de moda callejera. Soy muy mala para identificar a los peces gordos del gremio: seguramente, las fotos más buscadas y difundidas son las de conocidísimas editoras, modelos y blogueras en boga. Como mucho, debo confesar, que yo solamente soy capaz de reconocer a los actores y actrices que se dejan caer por ahí. Pero ya lo he dicho que a mí me iban más otro tipo de estímulos.

Y yo no sé si será por el frío, o porque los cool hunters no miran hacia el lugar adecuado, porque yo me pregunto… ¿En serio a esto le podemos llamar inspiración? 

Un pañuelo de los de toda la vida, de los que te puedes comprar en Zara


Porque de eso se trata en muchas revistas online y blogs: de colgarles cartelitos de “inspiradores” a los atuendos callejeros. No pienses en lo que te vas a poner mañana, encuéntralo en Internet. De trascender el arte y la imaginación que se pueda ver en la pasarela y cazar un bocado de realidad. De contentar al proletariado y sus sueños materialistas. Un estilo urbano, cosmopolita y, si se me permite, en la mayoría de las veces… insípido. Como se nota que ya no se gasta carrete. Porque observad esto:

El jersey que todas las tiendas low cost suelen vender a 12,90€

Me temo que hemos permitido que unos pocos gurús monopolicen el arte de ponerse unos vaqueros y un abrigo. Como si hubieran encontrado la panacea por el simple hecho de ir vestidos. Como si sólo ellos, tocados por la gracia divina, pudieran ir así por la vida. Porque esta semana tienen suerte de estar en Nueva York y llevar una cierta talla. Sobre todo no nos olvidemos del factor talla, aunque lo dejaremos para otro momento. Que admiramos y alabamos lo que llamamos “inspirador” y “tendencia” cuando en realidad es común y se repite infinitas veces. Y al final, vistas un par, vistas todas. Si me cruzara con la mitad de esta pandilla en el metro, seguramente me fijaría poco o nada en ellos. Mucha prenda mona y cara, mucha altura y tobillo fino, pero poco más. Poco que destacar. Regalamos la palabra “estilo” con una facilidad pasmosa.
Llevar un abrigo, unos tacones y unos vaqueros, una bufanda y un bolso vistoso podemos hacerlo todos. Con la misma gracia o más.

Rematamos: la pata de gallo de las abuelas que no falte

De verdad, a mí la moda urbana me encanta. Pero en los grandes eventos que todo el mundo estaba esperando me aburre sobremanera. Sinceramente, me lo paso mejor con lo que se deja ver en Helsinki o Londres, o en la cola de un concierto. Véase el blog de Hel Looks. Eso sí que es real, cuando hay gente de todos los tamaños, presupuestos, géneros, edades, situaciones. Cuando los hay que van sin peinar, o llegan tarde, o han tenido un mal día. Cuando no salen bien en las fotos. Cuando se vistieron a las ocho de la mañana y se olvidaron el rímel. Cuando visten sin esperar ser fotografiados.

Y lanzo una pregunta al aire para terminar: ¿cuándo empezará la gente a vestirse como el futuro, como en las películas de ciencia ficción que tanto nos prometían? Como nada que hayamos visto ya. Cada vez estoy más convencida de que el futuro —por desgracia— es un momento del pasado que nunca llegará. 


© de las imágenes: Harper’s Bazaar via Pinterest

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