jueves, 9 de enero de 2014

un apunte para lumen y una pequeña digresión

Hoy voy a empezar con una de las peticiones estrella en Balmes 129 bis:

—Hola, busco (insertar aquí título de libro en castellano/catalán), pero en inglés. Es que ni idea de cómo se llamará en inglés.

Los hay que incluso se sorprenden cuando yo tampoco tengo idea alguna de cuál es el título original, o de la traducción al inglés. Lamento causarles esa efímera decepción, pero por mucho que disimuladamente arruguen el ceño, las libreras no siempre podemos saberlo todo.

Lo que me parece digno de comentar es lo siguiente: mientras yo me afano en rastrear por Google y en la base de datos lo que andan buscando, un elevado porcentaje de clientes, tanto hombres como mujeres, añade algo como:

—Es que a saber cómo se llama. Porque ya se sabe que siempre traducen el título como les da la gana.

Y es verdad. Pero el instinto de protección y respeto que me inspira esa profesión que no ejerzo, aunque tenga el derecho firmado de aseverar que es la mía, me impulsa a puntualizar:

—Bueno, el título de las obras lo pone la editorial, no los traductores.

Sé que este apunte no les importa a mis clientes lo más mínimo. Pero yo, qué queréis, siento más estima por los traductores de este país que por los futbolistas. Algunos serán muy malos, cierto es, pero también hay escritores, y futbolistas, verdaderamente pésimos y ahí están, haciendo felices a su público.

Por ejemplo, analicemos la siguiente decisión editorial, pues estoy casi 100% segura de que una mesa de expertos en el mercado del libro, y no de traductores, son los responsables de que The Women’s Room de Marilyn French viera la luz como Sólo para mujeres (Lumen). Una decisión muy poco acertada, a mí entender, no solamente por infiel a las palabras del original, sino por la connotación añadida que no le hace ningún favor a la obra, más bien al contrario.

Uno puede descubrir por qué French tituló su obra de tal forma en el párrafo inicial de la novela. Os lo pego aquí, en inglés, disculpadme si a todos no os va bien leer en esta lengua, aunque este pasaje no es excesivamente difícil:

«Mira was hiding in the ladies’ room. She called it that, even though someone had scratched out the word ladies in the sign of the door, and written women’s underneath. She called it that out of thirty-eight years of habit, and until she saw the cross-out on the door, had never thought about it. Ladies’ room was an euphemism, she supposed, and she disliked euphemism on principle. However, she also detested what she called vulgarity, and had never in her life, even when handling it, uttered the word shit.»


Como veis, el título en castellano no sólo pierde la correlación con esta escena inicial, que además, es toda una declaración de intenciones encubierta, sino que encima se convierte en un eufemismo que a la par restringe de forma considerable la audiencia potencial. ¿Es una novela exclusivamente para mujeres? Quizá les pareció demasiado vulgar titular un libro “El baño de mujeres”; quizá ante la imposibilidad de utilizar la palabra “habitación” que, al contrario que en inglés, nunca se ha usado para designar ningún tipo de lavabo, público o privado, no les quedó otra que parafrasear. Con mala puntería. Lo que me parece absurdo, porque no creo que a Marilyn le hubiera importado en absoluto que la calificaran injustamente de vulgar. 

Esta anécdota, si queréis, me impulsa a pensar en la palabra “señora”, que es la traducción más frecuente de “lady”. En una escena de The Abbes of Crewe de Muriel Spark (que Contraseña publicó en español como La abadesa de Crewe), Alexandra, firme candidata al puesto de abadesa, se sirve de una maquiavélica artimaña para debilitar a su contrincante, Felicity: apelar al esnobismo de la burguesía pidiéndoles a las monjas que se comporten como señoras. En un discurso memorable y totalmente efectivo, pues será abadesa sin ningún tipo de discusión posible, Alexandra afirma:

«A Lady has style; but a Buorgeoise does things under the poplars and in the orchard.
(…) A Lady may or may not comit the Cardinal Sins; but a Buorgeoise dabbles in low crimes and safe demeanours.
(…) A Lady may secretly believe in nothing; but a Bourgeoise invariably proclaims her belief, and believes in the wrong things.»

La mala leche de Muriel puede ser magistral, pues además de bella, recta, abnegada y entregada en apariencia, no habrá monja más perversa que Alexandra, que casi le confiere a una "señora" el poder de la santidad sobre la tierra.

El quid de la cuestión: ¿por qué me molesta tanto la palabra “señora”?

De hecho, en ocasiones no hay vocativo que me pueda molestar más. Sobre todo cuando sale de la boca de una madre en compañía de su hijo. Debo de reconocer que en parte la palabra ofende mi vanidad y me hace sentir mayor. Que a veces pienso que sobre todo me lo dicen las madres que saben que son más mayores que yo. Es un poco estúpido y retorcido, pero a veces somos así de estúpidos y retorcidos.

De todas formas, vanidad aparte, la palabra me incomoda. Señora. Señora. Señora. Señora. Por mucho que la diga, me sigue pareciendo absolutamente ajena a mí. No soy una señora. Si alguna vez lo he dicho refiriéndose a mí, me he mentido a mí misma como una bellaca.

Soy una mujer. Eso es indefectiblemente cierto.

Señora sigue implicando demasiadas cosas sobre una persona. Alguien que no tiene nada que ver conmigo. Crea vínculos que no se cumplen en mi ser. Por ejemplo: señora casada. Señora de su casa. Señora de. Dice la RAE que es una “persona respetable que ya no es joven” (¡menudo ultraje! Respetable por debajo de los treinta no se puede ser). Criadas y señoras. Es una señorona. Señora, dueña. Señora. Lady. Madame.

No, gracias. Ni tampoco señorita. Ni chica. Ni mucho menos chata. Y con el nena quizá se me cae la mandíbula al suelo.

A mí de tú, siempre de tú. De tú. De tú. No me cansaré de repetirlo. Conozco suegras que se lo han repetido a sus yernos durante más de quince años: háblame de tú, de tú. Con paciencia.

O por mi nombre, añado.


p.s: ¿Y a vosotras os molesta la palabra "señora"? ¿Y a vosotros "ser un señor"? Si os lanzáis a expresar lo que pensáis, ¡gracias! Y también por leer la parrafada. 







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