lunes, 13 de enero de 2014

aplauso a alison bechdel y primera exposición a ideas radicales

¿Nunca os ha pasado, que un libro/cómic lleva incontables meses cogiendo polvo en vuestras estanterías y que una vez lo leéis lo acabáis devorando y pensando que por qué habéis tardado tanto? A mí me ha pasado con muchas de mis lecturas favoritas, que a la par, han acabado siendo muy reveladoras. Me pasó con Cumbres borrascosas, Heathcliff y el concepto de odio. Y con Rebecca y la abominable sensación de ser la otra, una mera sombra. Sin embargo, siempre he mantenido gran distancia con esas obras: han sido lecciones teóricas con pocos paralelismos en mi vida. Con el Fun Home de Alison Bechdel no ha habido escapatoria posible, la memoria es retroactiva.

Lo que aplaudo a Alison es su honestidad. Su honestidad en el detalle. Pero primero pongamos un poco en antecedentes la obra:

Bechdel siempre ha sido conocida en el mundo del cómic alternativo por sus tiras sobre lesbianas Dykes to Watch Out For. Su carrera siempre había sido bastante homogénea hasta que en 2006 dio el campanazo con Fun Home, que es una autobiografía que se centra en la compleja relación que mantuvo con su padre y el descubrimiento de su homosexualidad (y la de él).

Hace poco un amigo me comentaba que las autoras de cómic parecen tener un especial interés por el género biográfico. Es curioso, no sé si por algún motivo biológico o social que se me escapa, pero a mí es un tipo de novela gráfica que me suele gustar mucho. Y puedo decir sin lugar a duda que Fun Home se ha convertido en una de mis obras gráficas favoritas. Y eso que cuando algo te toca la fibra de forma tan extrema y certera, uno parece que tenga el deber de rehuir de ello.

Aunque Bechdel siempre tuvo la costumbre de escribir un diario desde bien pequeña para registrar con precisión, sobre todo al principio, lo que sucedía, imagino que en Fun Home habrá escenas que son producto de su imaginación. Me resulta difícilmente veraz que alguien pueda recordar escenas de su infancia con tantísima riqueza y exhaustividad. Pero luego creo que es que yo debo de tener bloqueados esos años de mi vida, porque recuerdo más bien poco.

Antes he dicho que aplaudía su honestidad en el detalle, y ahora parece que me haya contradicho. Me explico brevemente: lo que admiro de Alison Bechdel, que además es una narradora divertida y con un control sobre el ritmo excelente, es que no intente disfrazar las distintas emociones que le ha despertado su padre a lo largo de su vida, ni exagerarlas. Alison nunca tuvo una relación fácil con su progenitor, una persona estricta, rígida, represiva; un homosexual que ha formado una familia como tapadera, un hipócrita. Una persona poco cariñosa, que demostraba más cariño por los muebles y la restauración de casas que por sus hijos. Pero con la que también ha compartido cosas, aunque demasiado tarde como para paliar la soledad y el abandono de los primeros años, como la literatura y sus agallas para salir del armario al llegar a la Universidad. Incluso en la indiferencia que parece el único resultado cuando no odias ni necesitas a una persona, ya no, queda algo. Como aquel viejo dicho: donde hubo llama, habrá brasas. Cuando tantísimo te separa de una persona, lo más difícil es rendirse a la idea de que ha habido momentos buenos, a pesar de todo.

Hay que ser muy valiente para abrirse en canal de esta manera.

A raíz de la lectura de Fun Home me topé con dos ideas feministas extremadamente radicales que quisiera comentar aprovechando este post. La primera se encuentra en el cómic, cuando Alison llega a la universidad y empieza a relacionarse con asociaciones feministas y lesbianas, y ella también empieza a reeducarse y a entender lo que le pasa (descubre que es lesbiana porque lo lee en un libro de la biblioteca y se topa con su propia identidad allí descrita):

a)   “El feminismo es la teoría, el lesbianismo es la práctica”. Es una afirmación que aparece en una conversación ajena y Alison atrapa en una fiesta por casualidad. ¿Es una idea que muchas feministas lesbianas comparten? Y yo me digo, ¿acaso puedo elegir mi orientación sexual? ¿Han podido ellas? Me gustan los hombres. Y no puedo ir contra natura. Pero añado, no sólo me gustan los hombres sexualmente: hay hombres que me gustan por su compañía simplemente, por sus ideas y su forma de pensar; porque tenemos cosas en común, a pesar de que nuestros órganos genitales no sean coincidentes. Porque como se suele decir: “me gusta la personalidad de alguien”, no su físico en el sentido más específico de la palabra. Y sí, muchos tienen hábitos heredados de la sociedad patriarcal. Como muchas mujeres, lamentablemente. Y también: es cierto que la proporción de hombres/mujeres en mi vida está muy descompensada. Pero supongo que son las circunstancias.

Justo cuando había pasado esta escena, buceando en blogs, a través de un vídeo de Feministes Indignades que, lo siento, no logré acabar porque me pareció un peñazo, topé con esta pensadora británica:

b)   “When a woman reaches orgasm with a man she is only collaborating with the patriarchal system, eroticizing her own oppression”. Sheila Jeffreys. Traduzco: “Cuando una mujer llega al orgasmo con un hombre, simplemente está colaborando con el sistema patriarcal, erotizando su propia opresión”. ¿Qué os parece? Lo dice una mujer que reniega de todo lo femenino en cuanto a invención patriarcal (en su opinión, no sé qué tendría que decir Coco): el maquillaje, las faldas, depilarse, los tacones… Y que se corta el pelo a cepillo, utiliza camisas, traje… Lo único que me viene a la mente para descubrir su apariencia es el adjetivo “masculino”, a falta de otra cosa. Alison lo confiesa en su cómic: que le gusta la ropa masculina, los cortes masculinos, la imagen marimacho; las Feministes Indignades aparecen en su vídeo con ropa de clara inspiración masculina, nada de cruzar las piernas que eso es de niñas. ¿Eso no es también prolongar un sistema patriarcal? Es asimilarse a lo que tanto detestan, y de paso, ser unas hipócritas. ¿Por qué las feministas no han inventado su propia ropa, creado su propia imagen, en vez de utilizar elementos que ya estaban allí y son más propios de ese grupo que odian? ¿Y es que es eso lo más importante? ¿Una imagen? ¿El maquillaje puede desvirtuar el sentir? Si alguien alcanza un orgasmo con otra persona, ya sea hombre o mujer,  creo que nadie tiene derecho a decir nada al respecto. Para algo liberador y bonito que existe en la vida… No obstante, de Jeffreys me gustaría leer The Spinster and her Enemies porque tiene que ser muy interesante, y porque no se tiene que estar en desacuerdo con todo.

A mí me encanta el look tomboy y las minifaldas. Pero lo que me gusta más todavía: que nadie me venga a decir cómo ser y sentir. En ese aspecto, soy defensora de mi individualidad a ultranza. Ni los pro-vida, ni la industria de la moda, ni las mujeres que piensan a y b, que puede ser cierto para ellas, pero no para todas. Ni tus amigos. Ni tu familia. Ni tu pareja. Ni los que sean más listos que tú tienen derecho a definirte. Me pareció interesante apuntarlo.  


Lo mejor de todo: que todavía me queda por leer Are You My Mother? de Alison Bechdel. 

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